17/01/2019
Caminar por el corazón de Coyoacán es una experiencia sensorial. El murmullo de la gente, el colorido de sus mercados y la arquitectura colonial envuelven a cualquiera. Pero hay un aroma que se eleva por encima de todos, un perfume inconfundible que guía a locales y turistas por igual hacia una esquina legendaria: el olor a café recién tostado de Café El Jarocho. Más que una simple cafetería, es un estandarte, un punto de encuentro y una tradición que ha definido el sabor del sur de la Ciudad de México por más de medio siglo.

Para entender la magia de El Jarocho, no basta con probar su café; hay que sumergirse en su historia. Una historia que no comienza con máquinas de espresso ni con baristas expertos, sino con el sueño de una familia y el sabor de la tierra veracruzana. Es la crónica de cómo un pequeño local de semillas se transformó, grano a grano, en una de las instituciones más queridas de la capital.
Un Comienzo Humilde: De Semillas a Sorbos de Café
La historia se remonta a 1953. En un pequeño local en la calle Aguayo, una pareja de emprendedores, Gil Romero y Bertha Paredes, iniciaron un negocio modesto. No vendían café, al menos no al principio. Su tienda era un rincón lleno de los tesoros que traían desde Veracruz: semillas, granos y frutas frescas. El nombre, "El Jarocho", era un homenaje directo a sus raíces y a la riqueza de esa tierra fértil.
Fue Bertha Paredes quien tuvo la visión inicial de compartir algo más que granos crudos. Con una habilidad artesanal y un profundo respeto por la tradición, comenzó a preparar café de olla, café negro y café con leche para los vecinos y clientes. No usaba máquinas sofisticadas, sino el calor del fogón y recetas caseras que reconfortaban el alma. Ese fue el primer sorbo de lo que se convertiría en un imperio del sabor, una pequeña semilla que, con el tiempo, germinaría de forma espectacular.
La Visión de un Pionero: La Llegada de la Cafetera Industrial
El negocio familiar creció, y con él, la siguiente generación. Víctor Romero, uno de los hijos de Gil y Bertha, se quedó al frente de la empresa, trayendo consigo una nueva perspectiva. En aquellos días, las calles del centro de la ciudad veían desfilar a unos personajes singulares conocidos como los "astronautas". Eran vendedores ambulantes que cargaban en sus espaldas pesados cilindros metálicos llenos de café caliente, sirviéndolo a través de mangueras a los transeúntes apurados.
Observándolos, Víctor tuvo una revelación: la ciudad necesitaba barras de café, lugares fijos donde la gente pudiera disfrutar de una bebida de calidad, preparada al momento. Fue así como decidió dar un paso audaz y revolucionario para la época. Adquirió una de las primeras cafeteras industriales que llegaron a México, una máquina imponente que permitía preparar expresos, capuchinos y americanos con una consistencia y rapidez nunca antes vistas. Con esta nueva tecnología, El Jarocho renació oficialmente en la emblemática esquina de las calles Cuauhtémoc y Allende, donde hoy se encuentra su casa matriz. Dejó de ser solo una tienda para convertirse en una verdadera cafetería, pionera en un modelo de negocio que hoy nos parece cotidiano.
Aunque el café es la estrella indiscutible, el éxito de El Jarocho radica en su capacidad para ofrecer una experiencia completa. Quienes se acercan atraídos por el aroma del grano tostado, pronto descubren un universo de delicias que complementan a la perfección cada taza.
El Pan y las Donas: Dulzura Artesanal
Junto al mostrador, las vitrinas exhiben una tentadora variedad de pan dulce. Las donas, esponjosas y cubiertas de azúcar o chocolate, son un clásico que evoca la nostalgia de la infancia. Los panqués artesanales, con su textura húmeda y sabor casero, son el acompañante ideal para un café con leche por la mañana o un té por la tarde. Cada pieza de panadería se siente auténtica, sin pretensiones, hecha para satisfacer un antojo genuino.
Las Legendarias Tortas: El Sabor del Chipotle Secreto
Si el hambre es mayor, las tortas de El Jarocho son una parada obligatoria. Enormes, generosas y llenas de sabor, son famosas en toda la ciudad. La de milanesa con queso o la de pierna adobada son las favoritas, pero el verdadero secreto no está en la carne, sino en los chiles chipotles. Preparados con la receta original y secreta de doña Bertha Paredes, estos chiles aportan un toque picante, ahumado y ligeramente dulce que eleva la torta a otro nivel. Es un sabor tan distintivo que muchos afirman que una torta de El Jarocho no podría concebirse sin ellos.
Bebidas para Todos
Conscientes de que no todo el mundo busca cafeína, El Jarocho ha expandido su carta para incluir más de sesenta tipos de tés y tisanas, desde los clásicos hasta mezclas más exóticas. Sus chocolates, calientes o fríos, también tienen un club de fans leal, ofreciendo una alternativa cremosa y reconfortante.
El Secreto del Éxito: Calidad, Tradición y Precios Justos
¿Cómo ha logrado El Jarocho mantenerse relevante y querido durante décadas? La respuesta es una combinación de factores que han cimentado su reputación.
- Café Tostado a Diario: El aroma que inunda las calles no es casualidad. Cada mañana, religiosamente, tuestan sus propios granos de café, garantizando una frescura y un sabor que es difícil de igualar.
- Calidad a Buen Precio: A pesar de su fama, El Jarocho siempre ha mantenido una política de precios accesibles. La idea es que cualquiera, desde un estudiante hasta un oficinista, pueda disfrutar de una buena taza de café sin afectar su bolsillo.
- La Fuerza de la Tradición: En un mundo de cafeterías de cadena con menús estandarizados, El Jarocho se siente auténtico. Conserva las recetas originales y un espíritu de negocio familiar que la gente valora y respeta.
- Reconocimiento Internacional: Su excelencia no ha pasado desapercibida. La empresa ha sido galardonada con premios como el Bizz Award 2006 a la Excelencia Empresarial en Nueva York y la Estrella de Oro al Mérito Empresarial, demostrando que la calidad y la tradición pueden competir en el escenario mundial.
Datos Clave de una Leyenda
Para comprender la magnitud de Café El Jarocho, aquí hay una tabla con algunos de sus hitos más importantes:
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Año de Fundación | 1953 |
| Fundadores | Gil Romero y Bertha Paredes |
| Ubicación Matriz | Esquina de Cuauhtémoc y Allende, Coyoacán, CDMX |
| Especialidades Notables | Café tostado, donas artesanales, tortas con la receta de chipotle de Bertha Paredes |
| Volumen de Venta | Más de 5,000 bebidas cada fin de semana en sus sucursales |
| Expansión | Para finales de 2010, ya contaba con nueve sucursales |
Preguntas Frecuentes sobre Café El Jarocho
¿Quiénes son los dueños actuales de Café El Jarocho?
El café fue fundado por Gil Romero y Bertha Paredes. Posteriormente, su hijo, Víctor Romero, tomó las riendas y lo transformó en el concepto que conocemos hoy. La empresa se ha mantenido como un negocio familiar, preservando el legado y la visión de sus fundadores a lo largo de las generaciones.
¿Qué hace tan especial su café?
Su principal diferenciador es que tuestan sus propios granos de café traídos de Veracruz todos los días. Este proceso garantiza una frescura incomparable, resultando en un sabor y aroma intensos que se han convertido en su firma. Además, la combinación de calidad, tradición y precios accesibles lo hace único.
¿Solo venden café?
No. El menú es muy variado. Además de una amplia gama de bebidas a base de café (calientes y frías), ofrecen más de 60 tipos de tés y tisanas, chocolates, y una deliciosa selección de panadería artesanal como donas y panqués. Sus tortas, especialmente las que llevan los famosos chiles chipotles de la casa, son igualmente legendarias.
¿Cuál es el horario de las sucursales?
La mayoría de las sucursales de El Jarocho tienen un horario muy amplio, abriendo desde las 6 de la mañana hasta la medianoche. La casa matriz, ubicada en el corazón de Coyoacán (esquina de Cuauhtémoc y Allende), extiende su servicio los viernes y sábados hasta las 2 de la mañana, convirtiéndose en el lugar perfecto para terminar una noche en el barrio.
Ya sea frío o caliente, en vaso chico o grande, para llevar o para disfrutar en una de las bancas cercanas, el café de El Jarocho es más que una bebida. Es un ritual, un pedazo de historia y un sabor que reconforta. Es la prueba de que, a veces, las cosas más sencillas, hechas con pasión y respeto por el origen, son las que perduran para siempre en el corazón de una ciudad.
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