¿Qué es el pastel de Nablús?

Knafeh: El Tesoro Dulce de Nablús

20/02/2017

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En el corazón de la gastronomía de Oriente Medio, existe un postre que trasciende el simple placer del dulce para convertirse en un emblema cultural, un símbolo de hospitalidad y una experiencia sensorial inolvidable. Hablamos del Knafeh, también conocido como Kanafeh, una joya culinaria cuyo epicentro y versión más aclamada proviene de la histórica ciudad palestina de Nablús. Este pastel, con su vibrante color anaranjado, su textura contrastante y su perfecto equilibrio entre lo dulce y lo salado, no es solo comida; es una celebración, un legado que se ha perfeccionado a lo largo de generaciones y que hoy deleita al mundo entero.

¿Qué es el pastel de Nablús?
Gracias al trabajo de 170 panaderos de diez establecimientos de la zona, miles de personas disfrutaron de este increíble pastel, durante el Festival de Nablús. Mencionada a menudo en las tradiciones religiosas, Hebrón se identifica con el Patriarca bíblico Abraham, considerado un santo por los cristianos, musulmanes y judíos.

Imagínese una base crujiente y dorada, empapada en un almíbar perfumado, que al cortarla revela un corazón de queso derretido, elástico y suave. Cada bocado es una sinfonía de sabores: la riqueza de la mantequilla clarificada (ghee), la dulzura floral del agua de rosas o azahar en el sirope, la suavidad del queso y el toque final de pistachos molidos que aportan color y textura. Acompáñenos en este viaje para desentrañar los secretos del pastel de Nablús, una delicia que cuenta la historia de una ciudad y su gente.

Índice de Contenido

¿Qué Es Exactamente el Knafeh de Nablús?

El Knafeh Nabulsi, o pastel de Nablús, es la variante más famosa y reverenciada de este postre levantino. Su singularidad reside en la combinación precisa de sus componentes, que aunque sencillos, requieren de una técnica maestra para alcanzar la perfección. Desglosemos sus ingredientes principales para entender su magia.

  • La Masa: La base del Knafeh puede elaborarse de dos maneras principales, dando lugar a dos variedades distintas. La versión de Nablús, conocida como na'ameh (suave), utiliza una masa de sémola muy fina que se tuesta con ghee y colorante alimentario natural para obtener esa icónica tonalidad anaranjada y una textura que recuerda a un crumble delicado. La otra versión, khishneh (áspera), emplea fideos finos de kataifi, una masa similar a la filo pero en hebras, que resulta en una capa superior más crujiente y fibrosa.
  • El Queso: El alma del Knafeh es, sin duda, el queso. Tradicionalmente se utiliza un queso blanco especial de la región, el queso Nabulsi. Es un queso de salmuera, similar al Akkawi, que debe desalarse en agua durante horas antes de su uso. Su característica principal es que se derrite maravillosamente, volviéndose elástico y cremoso sin fundirse por completo, creando ese efecto de "hilo" tan deseado al servir una porción caliente. La clave es su sabor suave y ligeramente salado, que contrasta a la perfección con el dulzor del resto del postre.
  • El Almíbar (Ater): Ningún Knafeh estaría completo sin ser bañado generosamente en almíbar caliente justo antes de servir. Este sirope, conocido como ater, se elabora con azúcar, agua y un toque de zumo de limón para evitar que cristalice. Lo que lo hace especial es su aromatización, generalmente con agua de rosas o agua de azahar, que le confiere un perfume embriagador y un sabor floral inconfundible.
  • La Decoración: El toque final es una generosa lluvia de pistachos finamente picados o molidos sobre la superficie. Este adorno no solo añade un vibrante color verde que contrasta con el naranja del pastel, sino que también aporta un sabor a nuez y una textura crujiente adicional.

Historia y Orgullo de una Ciudad

Nablús, una de las ciudades más antiguas del mundo, no solo es famosa por sus olivos y su aceite, sino que es reconocida universalmente como la cuna del Knafeh. La tradición pastelera de la ciudad está profundamente arraigada en su identidad, y el Knafeh es su máximo exponente. Los pasteleros de Nablús guardan celosamente sus recetas y técnicas, pasándolas de generación en generación.

Tal es el orgullo que la ciudad siente por su postre insignia que en 2009, Nablús entró en el Libro Guinness de los Récords. Durante el Festival de Nablús, un equipo de 170 pasteleros de diez establecimientos diferentes colaboró para crear el Knafeh más grande del mundo. La monumental creación midió 74 metros de largo y pesó casi dos toneladas. Miles de personas se congregaron para presenciar y degustar este hito histórico, un evento que solidificó aún más la reputación de Nablús como la capital indiscutible del Knafeh. Este acto no fue solo una hazaña culinaria, sino una poderosa declaración de identidad cultural y cohesión comunitaria.

Tabla Comparativa: Tipos de Knafeh

Aunque el estilo de Nablús es el más célebre, existen diversas variantes de este postre en la región. Aquí presentamos una tabla para diferenciar las más comunes:

Tipo de KnafehTextura PrincipalIngrediente Clave de la MasaCaracterísticas Notables
Knafeh Na'amehSuave, compacta y delicadaSémola fina molidaEs el estilo clásico de Nablús. La base es lisa y se empapa uniformemente de almíbar.
Knafeh KhishnehCrujiente, fibrosa y aireadaFideos finos de kataifiLos fideos crean una capa superior dorada y muy crujiente. Es muy popular en todo el Levante.
Knafeh MbrumehFirme, densa y enrolladaFideos de kataifi enrolladosEl queso y los frutos secos se enrollan dentro de los fideos de kataifi, creando un cilindro que luego se corta en porciones.

El Ritual de Disfrutar un Knafeh

Comer Knafeh es una experiencia que va más allá del sabor. Se sirve tradicionalmente en grandes bandejas circulares de metal llamadas sider. El pastel se cocina a fuego lento, girando la bandeja constantemente para asegurar una cocción uniforme y una base perfectamente dorada. El momento culminante llega cuando el pastelero, con un movimiento rápido y certero, voltea la bandeja sobre un plato de servicio, revelando la superficie naranja y vibrante que estaba oculta en el fondo.

Se debe comer caliente, recién salido del fuego, para poder apreciar en su máxima expresión el queso derretido y elástico. Se corta en porciones cuadradas o rectangulares y se sirve inmediatamente, mientras el almíbar todavía burbujea y el aroma inunda el aire. En las calles de Nablús, es común encontrarlo servido de una manera más informal: una porción caliente dentro de un pan de ka'ak (un pan con sésamo), creando un sándwich dulce y salado que es el tentempié perfecto a cualquier hora del día.

Preguntas Frecuentes sobre el Knafeh

¿El Knafeh es un postre muy empalagoso?

Aunque es innegablemente dulce debido al almíbar, la clave de un buen Knafeh es el equilibrio. El queso, con su toque salado, corta el dulzor y aporta una riqueza que equilibra el conjunto. Además, la cantidad de almíbar puede ajustarse al gusto personal.

¿Qué tipo de queso puedo usar si no encuentro Nabulsi?

Si el queso Nabulsi o Akkawi no está disponible, se puede buscar una alternativa que sea un queso blanco, semi-duro, que se derrita bien y no sea excesivamente salado. Una mezcla de mozzarella fresca (bien escurrida) y un poco de queso feta (previamente desalado) puede funcionar como un sustituto aceptable para una versión casera.

¿Por qué el Knafeh de Nablús tiene ese color naranja tan vivo?

El color característico proviene de un colorante alimentario, a menudo a base de pimentón o annatto, que se mezcla con la sémola y el ghee antes de cocinar. Este colorante no aporta sabor, pero es estéticamente fundamental para la identidad del Knafeh Nabulsi.

¿Se puede recalentar el Knafeh?

Sí, se puede recalentar, aunque la textura nunca será exactamente igual a la del postre recién hecho. La mejor manera es en un horno a baja temperatura o en una sartén a fuego muy bajo para que el queso vuelva a derretirse y la base recupere parte de su textura crujiente.

En conclusión, el Knafeh de Nablús es mucho más que un simple pastel. Es una obra de arte culinaria, un pilar de la cultura palestina y un testimonio de la rica historia de una ciudad que ha sabido convertir ingredientes humildes en un postre de fama mundial. Probarlo es conectar con una tradición de hospitalidad, celebración y un profundo amor por la buena comida. Si alguna vez tiene la oportunidad, no dude en dejarse seducir por este tesoro dulce, una experiencia que, sin duda, recordará para siempre.

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