¿Cuál es el buque insignia de pastelería Mallorca?

La Mallorquina: El Corazón Dulce de Madrid

24/02/2019

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Caminar por la Puerta del Sol de Madrid es una experiencia para todos los sentidos. El murmullo constante de la gente, la vista de edificios emblemáticos y el pulso vibrante del corazón de España. Pero hay un aroma que se eleva por encima de todo, una dulce invitación que emana de la esquina con la Calle Mayor. Es el olor a mantequilla, a azúcar tostado y a chocolate recién hecho que escapa de las puertas de La Mallorquina, una institución que es tan madrileña como el Oso y el Madroño o el Kilómetro Cero, ubicado a solo unos pasos de su entrada.

¿Cuándo se fundó la pastelería La Mallorquina?
La pastelería La Mallorquina existe desde 1894, cuando los empresarios Balaguer, Coll y Ripoll, que ya tenían un establecimiento en la calle Jacometrezo, compraron este salón de té propiedad de Antonio Garín. Con la reforma de la Puerta del Sol, el emplazamiento parecía inmejorable, y así sigue siendo.
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Un Viaje en el Tiempo: Más de un Siglo de Historia

Para entender la magia de La Mallorquina, hay que viajar en el tiempo hasta 1894. Fue en ese año cuando tres empresarios, Balaguer, Coll y Ripoll, decidieron adquirir un salón de té en una ubicación que, tras la reforma de la Puerta del Sol, se prometía inmejorable. El tiempo les daría la razón. El nombre, según cuenta la historia, es un homenaje a la tierra de uno de sus socios, Ripoll, oriundo de Mallorca. Desde sus inicios, el establecimiento se distinguió por su elegancia y refinamiento. Sus camareros, vestidos con impecables chaquetas blancas, hablaban francés y servían delicias que cautivaban a la alta sociedad madrileña.

No solo endulzaron la capital con pastelería fina, sino que también popularizaron productos de la isla balear como la ensaimada y la sobrasada. Se convirtieron en un punto de encuentro para tertulias literarias y reuniones de personajes ilustres de la época. Se dice que por sus mesas pasaron figuras como Francisco Silvela o Raimundo Fernández Villaverde, ambos presidentes del gobierno a principios del siglo XX. Tras la Guerra Civil, la familia Ripoll, que se había quedado como única propietaria, vendió el negocio, pero el espíritu y la tradición perduraron, convirtiendo a La Mallorquina en el tesoro que conocemos hoy.

El Escaparate de los Sueños: ¿Qué Pedir en La Mallorquina?

Entrar en la planta baja de La Mallorquina es sumergirse en un bullicio delicioso. La vista se pierde entre mostradores y vitrinas repletas de un surtido abrumador de bollos y pasteles, todos de elaboración diaria. La decisión es casi imposible. Las napolitanas, servidas calientes, son una leyenda urbana; su hojaldre crujiente y su relleno cremoso son el desayuno o la merienda perfectos para muchos madrileños. A su lado, las palmeras de chocolate, a menudo citadas en estudios y rankings como unas de las mejores de la ciudad, compiten por el protagonismo.

¿Qué pasteles ofrece la mallorquina?
La Mallorquina es una cafetería, pero originalmente era una pastelería fundada en 1894, lo que hace que lo mejor que ofrece la cafetería son sus pasteles. Las opciones son muy amplias y variadas, pero recomendaría los tronquitos de nata, las trufas o el tiramisú que es un pastel nuevamente introducido en la Mallorquina.

Pero la oferta es mucho más amplia. Aquí te dejamos una pequeña guía para no perderte:

  • Brazos de gitano: Suaves, esponjosos y con rellenos que van desde la nata hasta la trufa.
  • Tarta de nata y almendra: Una recomendación jugosa y delicada, perfecta para acompañar un café.
  • Bombones y trufas: El chocolate aquí es extraordinario, y sus bombones son una prueba de ello.
  • Productos de temporada: En Semana Santa, sus torrijas se convierten en las reinas indiscutibles del escaparate, reclamando su lugar como un clásico de la Cuaresma madrileña.
  • Opciones saladas: Para quienes prefieren lo salado, también hay empanadas y sándwiches de elaboración cuidada.

El Salón de Té: Un Mirador a la Puerta del Sol

Aunque muchos compran sus delicias para llevar y disfrutarlas mientras pasean, una de las mejores experiencias que ofrece La Mallorquina es subir a su planta alta. Allí se encuentra su famoso salón de té, un remanso de paz con un encanto de otra época. Conseguir una de las mesas junto a los grandes ventanales es un pequeño lujo. Desde allí, se puede contemplar el ir y venir incesante de la Puerta del Sol y la Calle Mayor, disfrutando de una perspectiva única mientras se saborea un pastel.

El ambiente en el salón es más pausado. Es el lugar ideal para una merienda tranquila, una charla con amigos o simplemente para regalarse un momento de placer observando la vida de Madrid desde un palco privilegiado. Justo en el exterior del edificio, a la altura de esta primera planta, se puede ver la figura que sirve de logotipo: una repostera con su delantal, símbolo del trabajo artesano que se realiza en su interior.

Tienda vs. Salón: Dos Experiencias en un Mismo Lugar

Para ayudarte a decidir, hemos preparado una tabla comparativa sobre qué esperar en cada planta:

CaracterísticaPlanta Baja (Tienda y Barra)Planta Alta (Salón de Té)
AmbienteVibrante, rápido, lleno de gente y aromas.Tranquilo, relajado, con servicio de mesa.
Ideal paraComprar para llevar, un desayuno rápido en la barra.Una merienda larga, disfrutar de las vistas, una cita.
VistasAl interior de la tienda y el ajetreo de los mostradores.Panorámicas espectaculares de la Puerta del Sol.
Producto estrellaNapolitanas o palmeras para comer al paso.Una porción de tarta con un café o té, disfrutando el momento.

Un Legado que Crece: La Expansión de La Mallorquina

Fiel a su espíritu pero adaptándose a los nuevos tiempos, La Mallorquina ha iniciado en los últimos años un plan de expansión para llevar su sabor a otros rincones de la capital. Aunque el local de Sol sigue siendo el alma y el origen de todo, ahora es posible disfrutar de sus creaciones en nuevas tiendas ubicadas en la calle Velázquez, en la Glorieta de Quevedo y en el centro comercial Moraleja Green. Una forma de acercar su legado centenario a nuevos públicos sin perder la esencia que la ha hecho famosa.

¿Cuándo se fundó la pastelería La Mallorquina?
La pastelería La Mallorquina existe desde 1894, cuando los empresarios Balaguer, Coll y Ripoll, que ya tenían un establecimiento en la calle Jacometrezo, compraron este salón de té propiedad de Antonio Garín. Con la reforma de la Puerta del Sol, el emplazamiento parecía inmejorable, y así sigue siendo.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cuándo se fundó La Mallorquina?

La pastelería La Mallorquina fue fundada en el año 1894.

¿Dónde está la tienda original?

La tienda original y más emblemática se encuentra en la esquina de la Puerta del Sol con la Calle Mayor, en el corazón de Madrid.

¿Cuál es el producto más famoso de La Mallorquina?

Es difícil elegir solo uno, ya que su fama es amplia. Sin embargo, las palmeras de chocolate y las napolitanas calientes son extremadamente populares y aclamadas tanto por locales como por turistas.

¿Cuál es la mejor pastelería de Mallorca?
Pastelería Mallorca, con 86 años de historia, es todo un referente dentro de la gastronomía de la capital española. Su servicio de catering es, sin duda, uno de los más prestiogiosos y tanto sus aperitivos salados como sus postres tienen toda la confianza de los comensales en las celebraciones más importantes.

¿Solo venden dulces?

No, aunque su fuerte es la pastelería, también ofrecen una selección de productos salados de alta calidad, como empanadas y sándwiches.

¿Se puede consumir en el local?

Sí, cuenta con dos espacios para ello. En la planta baja hay una barra de cafetería para un servicio más rápido, y en la planta superior se encuentra su histórico y tranquilo salón de té con servicio de mesa.

En definitiva, La Mallorquina es mucho más que una simple pastelería. Es un pedazo de la historia de Madrid, un lugar de encuentro intergeneracional y una parada obligatoria para cualquiera que desee saborear la tradición en su forma más dulce. Un capricho que, desde hace más de un siglo, sigue endulzando la vida de la capital.

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