¿Qué ofrece la Confitería del molino?

Confitería del Molino: El Renacer de un Ícono

23/12/2018

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En el corazón de Buenos Aires, justo en la esquina donde la ciudad parece no dormir nunca, en la intersección de las avenidas Rivadavia y Callao, se alza un edificio que es mucho más que una simple construcción: es un testigo silencioso de la historia argentina. Hablamos de la legendaria Confitería del Molino. Tras más de dos décadas de abandono y un minucioso proceso de restauración, este emblema porteño ha comenzado a despertar de su largo letargo. Aunque sus mesas aún no se llenan con el murmullo de clientes disfrutando de un café, sus puertas se han entreabierto para ofrecer una experiencia única que nos permite viajar en el tiempo y redescubrir su esplendor perdido.

¿Qué ofrece la Confitería del molino?
La Confitería del Molino viene siendo testigo de los últimos cien años de la Ciudad. Después de dos décadas y media de estar cerrada, y tras un gran trabajo de remodelación, si bien todavía no está abierta como para que vayas a tomar un café, ofrece la “ Experiencia Molino, un recorrido guiado ”.
Índice de Contenido

Un Viaje a Través del Tiempo: Orígenes y Esplendor

La historia del Molino no comienza con el imponente edificio que conocemos hoy, sino mucho antes, a mediados del siglo XIX. Dos visionarios pasteleros, Constantino Rossi y Cayetano Brenna, fundaron la “Confitería del Centro”. Sin embargo, fue en 1866 cuando adoptaron el nombre que pasaría a la historia: "Antigua Confitería del Molino". Este nombre no fue casual; era un sentido homenaje al primer molino harinero a vapor que existió en la ciudad, un símbolo de progreso y modernidad que ellos deseaban encarnar.

El verdadero salto a la inmortalidad ocurrió en 1905. Rossi y Brenna, con una visión empresarial audaz, adquirieron la estratégica esquina frente al recién construido Palacio del Congreso de la Nación. Sabían que su ubicación sería clave. El proyecto fue una apuesta monumental, una declaración de intenciones. No escatimaron en gastos para crear un espacio sin igual: importaron muebles de maderas nobles desde Italia, encargaron la cristalería más fina de Europa y vistieron cada rincón con detalles de mármol, bronces relucientes y, por supuesto, los característicos vitrales que se convertirían en su sello distintivo. El resultado fue una obra maestra del Art Nouveau, un estilo que rompía con la rigidez clásica y abrazaba las formas orgánicas y la elegancia sinuosa.

La gran inauguración se programó para una fecha cargada de simbolismo: el 9 de julio de 1916, coincidiendo con el Centenario de la Independencia Argentina. Desde ese día, la Confitería del Molino se convirtió en el epicentro de la vida social, política y cultural de Buenos Aires.

De la Gloria a las Cenizas: Tiempos de Adversidad

La historia del Molino, como la del país, está llena de altibajos. Su primer gran golpe llegó en 1930. Durante el golpe de Estado que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, un incendio devastador consumió parte de sus instalaciones, obligándola a cerrar. Fue un presagio de los tiempos turbulentos que se avecinaban, pero la confitería, resiliente, tardó casi un año en reconstruirse y reabrir sus puertas, aún más bella si cabe.

Décadas más tarde, en 1978, la empresa enfrentó una quiebra comercial. En un giro poético, fueron los nietos del fundador Cayetano Brenna quienes la rescataron, inyectando capital y modernizando algunas áreas para adaptarla a los nuevos tiempos. Sin embargo, la estocada final llegó con la crisis económica de finales de los noventa. En 1997, la Confitería del Molino se declaró en quiebra y cerró definitivamente sus puertas. Irónicamente, ese mismo año fue declarada Monumento Histórico Nacional, un reconocimiento que, en ese momento, parecía más una lápida que un salvavidas. Durante casi un cuarto de siglo, el magnífico edificio permaneció cerrado, acumulando polvo y leyendas urbanas, mientras los porteños pasaban por su puerta con una mezcla de nostalgia y tristeza.

El Ave Fénix: La Restauración de un Tesoro Nacional

El silencio se rompió en 2014, cuando una ley transfirió el edificio al Congreso de la Nación. Se creó la Comisión Administradora del Edificio del Molino y comenzó la titánica tarea de devolverle su esplendor. Fue una obra sin precedentes, una colaboración entre el Gobierno de la Ciudad, el Congreso y el Gobierno Nacional. Un equipo multidisciplinario de arquitectos, restauradores, historiadores y artesanos se dedicó en cuerpo y alma a la recuperación del patrimonio material e inmaterial del lugar.

El trabajo fue meticuloso. Se restauraron las aspas del molino de la cúpula, se limpiaron y repararon los vitrales pieza por pieza, se recuperaron las maderas originales y se pulieron los bronces hasta devolverles su brillo. Cada detalle fue tratado con el respeto que merece una joya arquitectónica de esta magnitud. El objetivo no era solo arreglar un edificio, sino rescatar un pedazo vital de la identidad argentina.

Más que Postres: Un Escenario de la Cultura Argentina

La Confitería del Molino no era famosa solo por sus postres, aunque estos eran legendarios. Sus salones fueron el punto de encuentro de las figuras más importantes del país. Políticos salían del Congreso para debatir entre tazas de café, mientras que en otras mesas, artistas como Niní Marshall y Libertad Lamarque compartían confidencias. Escritores de la talla de Oliverio Girondo y Roberto Arlt encontraron inspiración en su atmósfera única, inmortalizándola en sus obras.

Quizás la anécdota más famosa es la que protagonizó Carlos Gardel. El Zorzal Criollo era un cliente habitual y un día le pidió al maestro pastelero un postre especial para homenajear a su gran amigo, el jockey Irineo Leguisamo. De esa petición nació el famoso postre Leguisamo, una delicia a base de bizcochuelo, hojaldre, merengue, marrón glacé y crema imperial. Incluso en sus últimos días de actividad, su magnetismo seguía intacto: poco antes de su cierre en 1997, la superestrella mundial Madonna eligió sus decadentes salones para grabar el videoclip de su canción "Love Don't Live Here Anymore" durante su estancia en Argentina para filmar "Evita".

Ayer y Hoy: La Transformación del Molino

Para comprender la magnitud del cambio, aquí tienes una tabla comparativa:

CaracterísticaAyer (Época de Esplendor)Hoy (Tras la Restauración)
Uso PrincipalConfitería, restaurante y bar en pleno funcionamiento.Espacio cultural y museo. Ofrece visitas guiadas.
Acceso PúblicoAbierto a todo el público sin necesidad de reserva.Visitas gratuitas con inscripción previa y cupos limitados.
Estado del EdificioMantenido para el uso diario, con el desgaste propio del tiempo.Restaurado a su estado original de 1916 con técnicas modernas de conservación.
AtmósferaBulla de conversaciones, olor a café y pastelería recién hecha.Silencio respetuoso, admiración por la arquitectura y la historia.

Preguntas Frecuentes sobre la Confitería del Molino

¿Puedo ir a tomar un café o a comer en la Confitería del Molino?

Actualmente, no. El edificio todavía no ha reabierto como un espacio gastronómico. Por ahora, su función principal es la de un centro cultural y museo que se puede conocer a través de visitas guiadas.

¿Cómo puedo visitar el edificio?

La única forma de conocer su interior es a través de la “Experiencia Molino”, un recorrido guiado. Estas visitas son gratuitas pero requieren una inscripción previa, ya que los cupos son muy limitados. Debes estar atento a la web oficial (delmolino.gob.ar) para enterarte de las fechas de inscripción.

¿Por qué estuvo cerrada tanto tiempo?

La confitería cerró sus puertas en 1997 debido a una quiebra comercial producto de una severa crisis económica. El estado de abandono y los complejos problemas legales sobre la propiedad del edificio prolongaron su cierre durante casi 25 años.

¿Qué es lo más impresionante de su arquitectura?

Sin duda, su estilo Art Nouveau es lo más destacable. Los visitantes quedan maravillados con sus vitrales coloridos, la cúpula con las aspas de molino, las escaleras de mármol de Carrara, y la increíble atención al detalle en cada manija, moldura y luminaria de bronce.

La Confitería del Molino es mucho más que un edificio bonito. Es un libro abierto que narra un siglo de historia argentina, un símbolo de la resiliencia cultural y un testimonio del amor de una ciudad por su patrimonio. Visitarla hoy es una oportunidad única para caminar por los mismos salones que pisaron próceres y artistas, y para ser testigos, en primera persona, del renacimiento de una leyenda.

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