12/12/2024
Entrar al Café Tortoni es como pulsar el botón de pausa en el vertiginoso ritmo de Buenos Aires y viajar instantáneamente a otra época. Ubicado en el corazón de la Avenida de Mayo, este emblemático lugar no es solo una cafetería; es un museo viviente, una cápsula del tiempo que ha conservado el esplendor de la Belle Époque argentina. Desde su fundación en 1858, sus mesas de mármol y sus paredes revestidas de roble han sido testigos silenciosos de conversaciones que moldearon la cultura de un país. Es, por derecho propio, el Bar Notable por excelencia de la ciudad, un rincón donde el aroma del café se mezcla con el eco de las voces de los más grandes artistas e intelectuales que por allí pasaron.

Un Legado Francés en el Corazón Porteño
La historia del Tortoni comienza con un inmigrante francés, Jean Touan, quien decidió nombrar su nuevo establecimiento en honor a un célebre café parisino del Boulevard des Italiens. Su visión era recrear en la emergente Buenos Aires un espacio de distinción y encuentro cultural al estilo europeo. Aunque fue fundado en 1858, la imponente fachada que hoy admiramos sobre la Avenida de Mayo no fue la original. Inicialmente, su entrada se encontraba en la esquina de Rivadavia y Esmeralda. Fue a finales del siglo XIX cuando el arquitecto Alejandro Christophersen diseñó la fachada actual, una obra de arte que se convirtió en un ícono de la ciudad gracias a la donación de terreno por parte de la familia Unzué, propietaria del edificio.
El Tortoni no solo importó un nombre, sino también las costumbres parisinas. Fue el primer café de la ciudad en atreverse a colocar mesas y sillas en la vereda, una práctica hoy común pero revolucionaria en su momento. Curiosamente, adaptaron la costumbre al estilo local: en lugar de alinear las mesas contra la pared, las ubicaron junto al cordón, creando una nueva forma de vivir y observar la ciudad.
El Epicentro de la Vanguardia Artística y Literaria
Si las paredes del Tortoni pudieran hablar, recitarían poemas, entonarían tangos y debatirían sobre política y arte. A principios del siglo XX, el café se convirtió en el punto de encuentro predilecto de la Agrupación de Gente de Artes y Letras, un colectivo de pintores, escritores, músicos y periodistas liderado por el inigualable pintor de La Boca, Benito Quinquela Martín. Fue aquí donde, en mayo de 1926, fundaron La Peña, un espacio de tertulia y creación que se convirtió en leyenda.
La popularidad de estos encuentros fue tal que el salón principal pronto quedó pequeño. Fue entonces cuando el propietario de la época, Don Celestino Curuchet, ofreció la bodega de vinos del subsuelo para que los artistas tuvieran un lugar más cómodo y privado. Este gesto transformó la bodega en un santuario cultural que albergó las apasionadas reuniones de La Peña hasta 1943. La lista de sus habitués es un verdadero quién es quién de la cultura universal:
- Jorge Luis Borges: El genio de la literatura encontraba inspiración entre sus muros.
- Julio Cortázar: Se dice que muchas de sus ideas nacieron en estas mesas.
- Carlos Gardel: El Zorzal Criollo tenía su propia mesa siempre reservada, un rincón que aún parece guardar su presencia.
- Federico García Lorca: Durante su estancia en Buenos Aires, el poeta español fue un asiduo visitante.
- Alfonsina Storni: La poetisa desafió las convenciones de su tiempo participando activamente en este mundo predominantemente masculino.
- Arthur Rubinstein: El legendario pianista también sucumbió al encanto del café.
Un Recorrido por sus Salones Mágicos
El interior del Café Tortoni es un espectáculo en sí mismo. Al cruzar el umbral, uno se encuentra con un centenar de mesas de roble con tapas de mármol veteado en verde y blanco, acompañadas de sillas y sillones de cuero que invitan a la conversación pausada. Las paredes están decoradas con obras de artistas como Quinquela Martín y Aldo Severi, que rinden homenaje a la historia del lugar.
El café se divide en varios espacios, cada uno con su propia alma:
- La Bodega: Lo que fue un almacén de vinos es hoy un íntimo escenario en el subsuelo, donde el jazz y el tango cobran vida cada noche, manteniendo viva la llama artística del lugar.
- La Biblioteca: En un espacio que antiguamente albergaba una peluquería, y del que aún se conservan los espejos y sillones originales, hoy reposa una colección de más de mil libros dedicados a la historia de Buenos Aires, un tesoro para curiosos e investigadores.
- Sala Alfonsina Storni: En honor a la gran poetisa, este salón se utiliza para recitales de poesía y exposiciones de arte, continuando la tradición de ser una plataforma para nuevos talentos.
Los Habitantes Inmortales del Café
Una de las atracciones más fotografiadas del Tortoni es la mesa donde tres de sus más ilustres clientes parecen continuar una tertulia eterna. Esculturas en tamaño real de Jorge Luis Borges, con su inseparable bastón; Carlos Gardel, elegante con su traje cruzado; y Alfonsina Storni, con la mirada fija en el horizonte, componen una escena conmovedora que rinde homenaje a su legado. En la entrada, otra estatua, la del poeta Horacio Ferrer, da la bienvenida a los visitantes, como un anfitrión que invita a descubrir los secretos del lugar.
¿Qué esperar de una visita al Café Tortoni?
Para quienes planean una visita, es útil conocer qué ofrece este lugar más allá de su historia. Aquí te presentamos una tabla resumen:
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Ambiente | Elegante y nostálgico. Decoración de la Belle Époque, con maderas nobles, mármoles, vitrales y bronces. Se respira historia y cultura en cada rincón. |
| Oferta Gastronómica | Su especialidad más famosa es el chocolate con churros. Ofrece una carta clásica de cafetería porteña, con café, submarinos, medialunas, sándwiches y tortas. |
| Actividades Culturales | Espectáculos de tango y jazz en la sala "La Bodega" (generalmente por la noche y requieren reserva). También hay exposiciones de arte y presentaciones de libros. |
| Visitantes | Es el tercer punto turístico más visitado de la ciudad. La afluencia es mayoritariamente de turistas internacionales, aunque sigue siendo un lugar querido por los porteños. |
El Tortoni Hoy: Resiliencia y Vigencia
Como muchas instituciones centenarias, el Café Tortoni ha enfrentado desafíos. La pandemia de 2020 lo obligó a cerrar sus puertas por varios meses, un golpe duro para un lugar que vive del encuentro. Sin embargo, logró sobreponerse y hoy sigue tan vigente como siempre, demostrando una resiliencia admirable. Es un hecho que en la actualidad son más los turistas que hacen fila en su puerta que los propios porteños, pero su valor como patrimonio cultural es indiscutible.

Celebraciones como el "Día de los Cafés de Buenos Aires", que se festeja cada 26 de octubre coincidiendo con el aniversario de su inauguración, reafirman su importancia. En estas fechas, el Tortoni suele ofrecer promociones que invitan a redescubrirlo. Porque como bien reflexionó un empleado del lugar, "para nosotros los porteños es la historia viva de la Ciudad de Buenos Aires, todos pasamos por acá".
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es la mejor hora para visitar el Café Tortoni?
Para evitar las largas filas, se recomienda ir temprano por la mañana o a media tarde en días de semana. Si deseas ver un espectáculo, deberás consultar la programación y reservar con antelación para la noche.
¿Qué es lo más emblemático para pedir?
Sin duda, el chocolate espeso con churros es la opción más tradicional y solicitada, perfecta para una tarde de invierno. El clásico café con leche con medialunas es otra apuesta segura.
¿Es necesario consumir para poder entrar?
Si bien es un lugar de gran valor histórico y arquitectónico, sigue siendo un establecimiento comercial. Lo cortés y esperado es que los visitantes consuman algo mientras disfrutan del ambiente y toman fotografías.
¿Por qué es tan importante para la cultura argentina?
Porque fue mucho más que un café. Fue el hogar intelectual y el refugio de las mentes más brillantes que definieron la identidad cultural de Argentina en el siglo XX. Fue un escenario de libertad creativa y debate apasionado.
Visitar el Café Tortoni es, en definitiva, mucho más que tomar un café. Es sentarse en la misma silla donde quizás Borges imaginó un laberinto, es escuchar el eco de un tango cantado por Gardel y es sentir, por un instante, que el tiempo se ha detenido para contarnos una de las historias más fascinantes de Buenos Aires.
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