10/05/2016
En el corazón vibrante de Barcelona, donde la arquitectura modernista se encuentra con el bullicio de la vida cotidiana, existe un lugar donde el azúcar se transforma en arte y los sueños se hornean a diario. Hablamos de la Pastelería Escribá, una institución que es mucho más que una simple tienda de dulces; es un legado familiar, un pilar de la gastronomía barcelonesa y un testimonio de más de un siglo de pasión y creatividad. Su historia no es solo la de un negocio, sino la de una familia que ha dedicado su vida a endulzar la de los demás, convirtiendo un modesto horno de pan en un referente mundial de la alta pastelería.

- Los Orígenes: El Forn Serra de 1906
- La Transformación: Cuando el Amor y el Azúcar se Unen
- La Revolución del Chocolate: Antoni Escribà Serra, el Mago
- La Expansión y el Espectáculo: Christian Escribà y La Rambla
- Las Generaciones Escribà: Una Evolución del Sabor
- Preguntas Frecuentes sobre la Pastelería Escribá
Los Orígenes: El Forn Serra de 1906
Todo comenzó en un verano barcelonés, el 25 de julio de 1906. En aquel entonces, la ciudad se preparaba para grandes transformaciones urbanísticas y culturales. En este contexto, un hombre llamado Mateu Serra i Carbonell (1876-1945) decidió abrir un pequeño negocio en el número 546 de la Gran Vía de les Corts Catalanes. No era una pastelería de lujo, sino algo mucho más fundamental para la vida del barrio: el “Forn Serra”, una panadería. En sus primeros años, el aroma a pan recién hecho era el protagonista, sirviendo a los vecinos y convirtiéndose en un punto de encuentro esencial en la comunidad. Era un negocio honesto, basado en la calidad del producto y el trabajo duro, sentando sin saberlo los cimientos de una futura leyenda.
La Transformación: Cuando el Amor y el Azúcar se Unen
El destino de la panadería cambiaría para siempre con un evento que marcó a la ciudad: la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Este acontecimiento atrajo a talentos de todo el mundo y generó una demanda de productos más sofisticados. Para satisfacer este nuevo apetito, el Forn Serra contrató a un joven y talentoso pastelero llamado Antoni Escribà i Cases (1917-1987). Lo que comenzó como una relación profesional pronto se convirtió en algo más profundo. Antoni se enamoró de Pepita Serra, la hija del fundador, y su matrimonio en 1933 no solo unió a dos personas, sino que fusionó dos mundos: el del pan y el del dulce. Este fue el verdadero nacimiento de la Pastelería Escribá. El nombre cambió y, con él, el enfoque del negocio. El pan cedió protagonismo a los pasteles, bombones y creaciones de azúcar, marcando el inicio de la segunda generación y una nueva era de esplendor.
La Revolución del Chocolate: Antoni Escribà Serra, el Mago
El legado fue continuado por el tercer hijo del matrimonio, Antoni Escribà Serra (1930-2004), un hombre destinado a cambiar las reglas del juego. Considerado por muchos como el "Mozart del Chocolate", su visión trascendía la repostería tradicional. Entendía que la pastelería podía y debía ser una forma de arte. Para perfeccionar su técnica y ampliar sus horizontes, en 1955 tomó una decisión valiente: viajar a París, la capital mundial de la `pâtisserie`. Allí, trabajó como aprendiz del maestro Étienne Tholoniat, uno de los pasteleros más prestigiosos de la época. Esta experiencia no solo le dotó de una técnica impecable, sino que le abrió la mente a un mundo de posibilidades. En París también encontró el amor, casándose con Jocelyne, la hija de su maestro, fortaleciendo aún más el lazo entre la pastelería española y la francesa. A su regreso a Barcelona, Antoni Escribà Serra introdujo técnicas revolucionarias, esculturas de chocolate monumentales y un sentido del espectáculo nunca antes visto, ganándose el reconocimiento internacional.
La Expansión y el Espectáculo: Christian Escribà y La Rambla
La cuarta generación, encarnada en la figura de Christian Escribà, heredó no solo el negocio, sino también el espíritu innovador de su padre. En 1986, la familia dio un paso de gigante al adquirir la Casa Figueras, un emblemático edificio modernista situado en el corazón de La Rambla. Este movimiento fue una declaración de intenciones. El local, con su fachada de mosaicos coloridos y su aire de fantasía, era el escenario perfecto para la "pastelería espectáculo" que Christian quería promover. Bajo su dirección, Escribà se consolidó como una marca global. Sus creaciones se volvieron más audaces, interactivas y sorprendentes: anillos de caramelo que se pueden llevar, pasteles explosivos y montajes que desafían la gravedad. Christian Escribà ha llevado el nombre de su familia a todos los rincones del planeta, demostrando que los límites de la pastelería solo están en la imaginación.
Las Generaciones Escribà: Una Evolución del Sabor
Para comprender la magnitud de su historia, es útil comparar el enfoque de cada generación, que ha sabido adaptarse a su tiempo sin perder la esencia.
| Generación | Líder Principal | Época | Enfoque Principal |
|---|---|---|---|
| Primera | Mateu Serra i Carbonell | 1906 - 1933 | Panadería tradicional ("Forn"), producto básico y de calidad para el barrio. |
| Segunda | Antoni Escribà i Cases | 1933 - 1950s | Transición a la pastelería, introducción de dulces clásicos catalanes. |
| Tercera | Antoni Escribà Serra | 1950s - 1980s | Revolución técnica, influencia francesa, maestría en el chocolate y la innovación. |
| Cuarta | Christian Escribà | 1986 - Actualidad | Pastelería espectáculo, expansión global, marca icónica y creaciones vanguardistas. |
Preguntas Frecuentes sobre la Pastelería Escribá
¿Quién fundó realmente la Pastelería Escribá?
El negocio original fue una panadería llamada "Forn Serra", fundada por Mateu Serra i Carbonell en 1906. Se convirtió en la Pastelería Escribá cuando el pastelero Antoni Escribà i Cases se casó con la hija del fundador y transformó el negocio.
¿Por qué es tan famosa la ubicación de La Rambla?
La tienda de La Rambla, inaugurada en 1986, se encuentra en la Casa Figueras, un edificio modernista protegido. Su belleza arquitectónica complementa a la perfección la naturaleza artística de las creaciones de Escribá, convirtiéndola en un destino turístico y gastronómico por sí misma.
¿Qué hace a Escribà diferente de otras pastelerías?
Su filosofía se basa en la fusión de la alta pastelería con el arte y el espectáculo. No solo se centran en el sabor, sino también en la experiencia, la sorpresa y la emoción, creando piezas que cuentan historias y provocan sonrisas.
¿Sigue siendo un negocio familiar?
Sí, a pesar de su fama mundial, Escribà sigue siendo un negocio profundamente familiar, con Christian Escribà (cuarta generación) y su familia al frente, manteniendo viva la pasión y el legado que comenzaron hace más de un siglo.
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