Confitería del Molino: Un Ícono Inmortal

12/10/2018

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“Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la confitería Del Molino”. Con estas palabras, el poeta Oliverio Girondo inmortalizó no solo un sabor, sino una atmósfera, un universo entero contenido en la magnífica esquina de Callao y Rivadavia. La Confitería del Molino no fue simplemente una pastelería; fue un pedacito de París en Buenos Aires, el epicentro de la vida política, cultural y social de la ciudad durante casi un siglo. Un lugar donde los debates de senadores se mezclaban con el aroma del pan dulce recién horneado y donde nacieron postres que se convirtieron en leyenda. Acompáñenos en un viaje a través de su historia, sus sabores y los secretos que guardan sus muros, hoy en pleno proceso de resurrección.

¿Por qué le pusieron del molino?
Le pusieron Del Molino, porque enfrente, en la Plaza del Congreso, funcionaba el primer molino harinero de Buenos Aires, el llamado molino a vapor de Lorea. No escatimaron gastos ni esfuerzos: hasta el último material fue traído de Italia.
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El Origen de un Nombre y un Sueño

La historia comienza en 1904, cuando dos visionarios reposteros italianos, Constantino Rossi y Cayetano Brenna, adquirieron la estratégica esquina frente a la Plaza del Congreso. Su nombre no fue un capricho. Lo bautizaron "Del Molino" en honor al primer molino harinero a vapor de Buenos Aires, el molino de Lorea, que antiguamente funcionaba en esa misma plaza. Era un homenaje a la esencia de su oficio: la harina, el principio de todo manjar de pastelería. Siete años después, con una visión empresarial formidable, compraron las propiedades vecinas y se embarcaron en un proyecto monumental. Mientras Europa se asomaba al abismo de la Primera Guerra Mundial, ellos apostaban por la belleza y el progreso, encargando la construcción de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Una Joya Arquitectónica del Art Nouveau

Para materializar su sueño, Brenna y Rossi no escatimaron en gastos ni en talento. Contrataron al arquitecto italiano más célebre de la época, Francesco Gianotti (también autor de la Galería Güemes), quien diseñó una obra maestra del Art Nouveau con influencias venecianas. El edificio, inaugurado oficialmente en 1917, era un despliegue de opulencia y buen gusto, con cada detalle importado directamente de Italia.

Su estructura era tan innovadora como su estética. Se utilizó hormigón armado, un material novedoso para la época, permitiendo crear espacios amplios y luminosos. La distribución fue pensada para una operación integral:

  • Tres Subsuelos: Un verdadero centro de producción que albergaba la fábrica de hielo, las cocinas de elaboración, una inmensa bodega, depósitos y hasta un taller mecánico propio.
  • Planta Baja: El corazón del negocio, el salón de la confitería, donde la magia sucedía y los clientes se deleitaban.
  • Primer y Segundo Piso: Lujosos salones de fiestas, conectados por una escalera imperial de mármol de Carrara, escenario de las bodas y celebraciones más importantes de la alta sociedad porteña.
  • Pisos Superiores: Destinados a viviendas y oficinas de alquiler, con imponentes departamentos que miraban a las avenidas Rivadavia y Callao.

La fachada, revestida en símil piedra París, es un espectáculo en sí misma. Ornamentos de bronce, cerámicas de oro en la mansarda, vitrales multicolores y, coronando la ochava, las icónicas aspas de un molino de fantasía bajo una imponente cúpula aguja. Cada elemento, desde los manijones de las puertas hasta las majestuosas arañas florentinas, fue diseñado por Gianotti para crear una experiencia sensorial única, un palacio dedicado al placer y al encuentro.

El Corazón Palpitante de la Vida Porteña

Más que una confitería, El Molino fue el ágora de Buenos Aires. Por su ubicación estratégica frente al Congreso Nacional, se convirtió en el punto de encuentro natural de la clase política. Los legisladores tenían cuenta corriente y era común ver a figuras como el socialista Alfredo Palacios tomando su copa de coñac o a presidentes como Marcelo T. de Alvear y Agustín P. Justo en sus mesas. Pero su influencia se extendía a todos los ámbitos de la cultura. Entre sus clientes leales se encontraban:

  • Escritores y Poetas: Oliverio Girondo, Roberto Arlt (quien inmortalizó la confitería en una de sus "Aguafuertes porteñas"), Leopoldo Lugones y el embajador mexicano Amado Nervo.
  • Artistas del Tango: Carlos Gardel, un habitué, y José María Contursi, quien ahogaba en whisky sus penas de amor por Grisel, historia que se convertiría en un tango inmortal.
  • Figuras del Espectáculo: Niní Marshall, Libertad Lamarque e incluso, mucho después, en 1996, la estrella internacional Madonna, quien grabó en sus salones el videoclip de "Love Don't Live Here Anymore" durante la filmación de "Evita".

Era un lugar donde se cerraban acuerdos políticos, se gestaban obras literarias y nacían romances. Un microcosmos que reflejaba el pulso de una ciudad en plena ebullición.

Creaciones Inmortales: Los Postres que Hicieron Historia

La fama de El Molino no solo se construyó sobre su arquitectura o sus clientes, sino fundamentalmente sobre la excelencia de su pastelería. Cayetano Brenna, vestido de levita, supervisaba personalmente la calidad y la innovación. De sus cocinas salieron creaciones que hoy son parte del patrimonio gastronómico argentino.

  • Postre Leguisamo: Un homenaje de Carlos Gardel a su amigo, el legendario jockey uruguayo Irineo Leguisamo. Esta creación es una bomba de sabor y textura: capas de fino hojaldre, merengue seco, trozos de marrón glacé (castañas en almíbar) y una delicada crema imperial, todo coronado con almendras fileteadas. Una obra maestra de la repostería.
  • Imperial Ruso: Creado en 1917 para celebrar la caída de los zares Romanov en Rusia, este postre se hizo tan famoso que en Europa era conocido como "el postre argentino". Consiste en capas de merengue francés con almendras, intercaladas con una suave crema de manteca al coñac. Venía con una advertencia: debía cortarse con un cuchillo previamente calentado en agua para que sus capas no se desmoronaran.
  • Pan Dulce y Almendras Azucaradas: Durante las fiestas, el aroma de su pan dulce inundaba la plaza y las calles aledañas. Sus almendras azucaradas, mencionadas por Girondo, eran un clásico que se vendía en hermosas latas litografiadas, hoy objetos de colección.

Tabla Comparativa: El Molino a Través del Tiempo

AspectoEn su Apogeo (1917-1997)Futuro Proyectado (Post-Restauración)
Uso PrincipalConfitería, restaurante, salón de fiestas y viviendas.Confitería, museo histórico y centro cultural "De las Aspas".
EspecialidadesPostre Leguisamo, Imperial Ruso, Pan Dulce, pastelería artesanal.Recuperación de las recetas históricas y productos de panadería y pastelería.
AmbientePunto de encuentro de la élite política, cultural y social de la Belle Époque.Espacio abierto al público, cultural, turístico y gastronómico.
Estado del EdificioMáximo esplendor, mantenido con materiales de lujo.Restaurado y puesto en valor, respetando su diseño y materiales originales.

Del Esplendor al Silencio y el Anunciado Renacer

La muerte de Cayetano Brenna en 1938 marcó el fin de una era. La confitería pasó por distintas manos y, aunque mantuvo su prestigio durante décadas, comenzó a languidecer frente a la competencia de nuevas ofertas gastronómicas más rápidas y económicas. Finalmente, el 23 de febrero de 1997, El Molino cerró sus puertas, dejando adentro los fantasmas de un siglo de historia. Durante más de 20 años, el magnífico edificio sufrió el abandono y el deterioro. Sus vitrales se rompieron, sus mármoles se opacaron y su fachada ennegreció, no por el fuego de un incendio de 1930 (que fue rápidamente reparado), sino por la desidia.

Pero los vientos cambiaron. En 2014, el edificio fue expropiado por el Estado y pasó a ser propiedad del Congreso Nacional. Se inició entonces un monumental y minucioso proyecto de restauración para devolverle su esplendor original. Hoy, aunque la reapertura total está prevista para 2024, sus puertas se abren esporádicamente para visitas guiadas que permiten atestiguar el increíble trabajo de artesanos y restauradores. El plan es que El Molino renazca como un complejo que incluirá la confitería en la planta baja, un museo sobre su propia historia y un centro cultural para jóvenes artistas en los pisos superiores.

¿Cuándo se inauguró la Nueva Confitería del molino?
Finalmente Cayetano Brenna la inauguró en 1917 (tal como puede verse hoy) en el mismo solar y con el nombre de Nueva Confitería del Molino, en la intersección de Rivadavia y Callao, frente al edificio del Congreso Nacional, flamante en ese momento. El golpe de Estado de 1930 trajo varias consecuencias para el edificio.

Preguntas Frecuentes sobre la Confitería del Molino

¿Por qué se llama "Confitería del Molino"?

Recibió su nombre en honor al primer molino harinero a vapor de Buenos Aires, el "Molino a vapor de Lorea", que estaba ubicado enfrente, en la Plaza del Congreso.

¿Cuáles eran sus postres más famosos?

Sus creaciones más legendarias fueron el postre Leguisamo (hojaldre, merengue y marrón glacé), creado para el jockey de Carlos Gardel, y el Imperial Ruso (capas de merengue y crema de manteca), que se hizo famoso en Europa.

¿Quién diseñó el edificio de la Confitería del Molino?

Fue diseñado por el arquitecto italiano Francesco Gianotti, una de las figuras más importantes del Art Nouveau en Argentina.

¿Cuándo cerró la confitería y cuándo reabrirá?

Cerró sus puertas definitivamente en febrero de 1997. Tras un largo proceso de restauración, se espera su reapertura completa al público para el año 2024.

¿Qué funcionará en el edificio tras su restauración?

El proyecto contempla la reapertura de la confitería en la planta baja y el subsuelo, un museo dedicado a la historia del lugar y un centro cultural llamado "De las Aspas" en los pisos superiores.

La Confitería del Molino es mucho más que un edificio histórico. Es un símbolo de una época de esplendor, un testigo de la historia argentina y un tesoro gastronómico. Su esperada reapertura no es solo la recuperación de un monumento, sino la promesa de que los porteños y visitantes del mundo entero podrán volver a sentir el sabor dulce de la historia en una de las esquinas más bellas del mundo.

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