19/03/2022
Cuando escuchamos la frase "Guerra de los Pasteles", nuestra mente podría volar hacia una cómica batalla de comida. Sin embargo, se trató de un conflicto bélico real entre México y Francia en 1838. Aunque el nombre proviene de la reclamación de un pastelero francés, el conflicto tuvo poco que ver con la repostería. Este artículo, sin embargo, se sumerge en el verdadero y delicioso universo de los pasteles, explorando la historia, la ciencia y las tradiciones detrás de dos creaciones icónicas: el etéreo merengue y la majestuosa tarta nupcial que definió una era. Prepárese para un viaje que va desde las cocinas de la realeza europea hasta los secretos moleculares que transforman unas simples claras de huevo en una obra de arte.

El Merengue: Una Nube de Dulzura y Ciencia
El merengue es una de las preparaciones más versátiles y mágicas de la pastelería. En su forma más básica, no es más que una emulsión de aire en claras de huevo, estabilizada con azúcar. El resultado es una espuma ligera, dulce y de un blanco impoluto que puede ser suave y sedosa o seca y crujiente. Pero detrás de su aparente simplicidad se esconde una fascinante ciencia.
La Magia de las Proteínas
Básicamente, las claras de huevo son una mezcla de agua y proteínas. Al batirlas, introducimos aire. Dos proteínas clave, la ovomucina y la conalbúmina, actúan como agentes tensoactivos. Esto significa que tienen una parte que atrae el agua y otra que la repele, la cual se une al aire. Estas proteínas comienzan a desenrollarse y a formar una red que atrapa las burbujas de aire, creando la espuma. Al principio, las burbujas son grandes e inestables, pero con un batido continuo, se vuelven más pequeñas y la red de proteínas se fortalece, creando una estructura estable y firme.
El azúcar juega un doble papel: no solo endulza, sino que también es crucial para la estabilidad. Ayuda a retener el agua y evita que las proteínas se unan en exceso, lo que daría como resultado un merengue granuloso y que "llora". Por esta razón, el azúcar siempre debe añadirse cuando las claras ya han empezado a espumar, para no interferir con el proceso inicial de formación de la espuma.
Los Tres Tipos de Merengue: Guía para el Pastelero
No todos los merengues son iguales. Dependiendo de la técnica utilizada, podemos obtener texturas y estabilidades muy diferentes. Conocer los tres tipos principales es fundamental para cualquier aficionado o profesional de la repostería.
| Tipo de Merengue | Método de Preparación | Estabilidad | Uso Ideal |
|---|---|---|---|
| Francés | Batir claras en frío y añadir azúcar granulada poco a poco. | Baja. Debe usarse de inmediato. | Bizcochos, soufflés, hornear suspiros o discos secos. |
| Suizo | Batir claras y azúcar juntas al baño maría hasta alcanzar ~55°C, luego seguir batiendo fuera del fuego hasta enfriar. | Media-Alta. Más denso y brillante. | Decoraciones, rellenos de tartas, macarons, pavlovas. |
| Italiano | Verter un almíbar caliente (a 121°C) sobre las claras montadas, batiendo continuamente hasta que enfríe. | Muy Alta. El más estable y seguro (las claras se cocinan). | Mousses, decorar tartas que no se hornean, buttercream de merengue. |
Profundizando en las Técnicas
El merengue francés es el más sencillo y rápido, pero también el más delicado. Su estructura es frágil y pierde volumen con el tiempo, por lo que debe ser horneado o incorporado a otra masa inmediatamente después de su preparación.
El merengue suizo, al calentarse al baño maría, disuelve completamente el azúcar y coagula parcialmente las proteínas, lo que resulta en un merengue muy denso, compacto y brillante. Es ideal para decoraciones que necesitan mantener su forma.

Finalmente, el merengue italiano es el rey de la estabilidad. El choque térmico del almíbar caliente cocina las claras, creando una estructura increíblemente fuerte y segura para el consumo. Es perfecto para postres que no requieren cocción posterior y puede guardarse en el frigorífico durante varios días sin desmoronarse.
Un Viaje a los Orígenes del Merengue
La historia del merengue es tan dulce como su sabor. La teoría más aceptada sitúa su invención alrededor de 1720 por un pastelero llamado Gasparini en Meiringen, un pueblo suizo que le daría su nombre. Sin embargo, otra versión atribuye la receta a un cocinero del rey polaco Estanislas Leszczynski. Lo que sí es seguro es que la hija de este rey, al casarse con Luis XV, introdujo y popularizó el postre en la corte francesa, convirtiéndolo en un capricho de la aristocracia.
La mismísima reina María Antonieta era una gran aficionada, y se dice que disfrutaba elaborando merengues con sus propias manos en el palacio de Trianon. En aquella época, los merengues se moldeaban con una cuchara, creando los rústicos "suspiros". No fue hasta principios del siglo XIX que el legendario chef Antonin Carême introdujo el uso de la manga pastelera, revolucionando su presentación y abriendo la puerta a las elaboradas decoraciones que conocemos hoy.
La Tarta Nupcial que Cambió la Historia
Si el merengue fue un lujo de la corte, la tarta nupcial moderna fue una declaración de poder imperial. Aunque ofrecer pasteles en las bodas es una costumbre milenaria que se remonta a la Antigua Roma, la imagen que tenemos hoy de una tarta blanca y de varios pisos nació en un evento específico: la boda de la Reina Victoria de Inglaterra con el Príncipe Alberto en 1840.
La reina Victoria fue una verdadera pionera nupcial, popularizando también el uso del vestido de novia blanco. Su pastel de bodas fue igualmente revolucionario. Diseñado por el pastelero real John C. Mauditt, era una obra de arte monumental:
- Peso: Más de 130 kilogramos.
- Estructura: Varios pisos de altura, algo rara vez visto hasta entonces.
- Decoración: Elaborados detalles florales y, en la cúspide, una figura de Britania (personificación de Inglaterra) bendiciendo a la pareja. Este detalle dio origen a la tradición de colocar figuras de los novios en la cima del pastel.
Esta creación transformó la tarta de boda de un simple postre a un símbolo de estatus, lujo y celebración. Se convirtió en la pieza central del banquete, una maravilla diseñada no solo para ser degustada, sino también para ser admirada y fotografiada, una tradición que perdura con fuerza en la actualidad.
El Legado Real: Pasteles Monumentales
La influencia del pastel de la Reina Victoria fue inmensa y duradera. La tradición de las tartas nupciales monumentales se consolidó en la realeza británica y se extendió a otras casas reales europeas. El pastel de bodas de su hijo, Eduardo VII, en 1863, era una estructura gótica de más de metro y medio de altura. En España, la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg en 1906 contó con una tarta de casi dos metros y 300 kilos, un verdadero espectáculo.

Hoy en día, se espera que una tarta de bodas real británica sea lo suficientemente grande para servir a más de 2,000 invitados, con porciones adicionales que se envían a organizaciones benéficas y asociaciones cercanas a la Corona, manteniendo vivo el espíritu de celebración compartida que la Reina Victoria inauguró hace casi dos siglos.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuál es el merengue más estable y por qué?
El merengue italiano es, con diferencia, el más estable. El almíbar caliente (121°C) pasteuriza y cocina las claras de huevo mientras se baten, creando una estructura de proteínas muy fuerte que puede durar días en el refrigerador sin perder volumen.
¿Por qué mi merengue no se monta correctamente?
Las causas más comunes son: la presencia de cualquier traza de grasa (incluida la yema de huevo) en las claras o en los utensilios, lo que impide que las proteínas formen la red de aire; o haber añadido el azúcar demasiado pronto, lo que disuelve las proteínas antes de que puedan estabilizar la espuma.
¿Se puede refrigerar un merengue ya horneado?
No es recomendable. El azúcar en el merengue es higroscópico, lo que significa que atrae la humedad del ambiente. Al refrigerarlo, el merengue cocido y crujiente se ablandará y se volverá pegajoso.
¿La "Guerra de los Pasteles" tuvo que ver con pasteles de verdad?
El nombre es engañoso. Fue un conflicto militar entre Francia y México en 1838. El detonante fue la reclamación de indemnización de ciudadanos franceses en México por daños sufridos, entre ellos un pastelero cuyo local fue saqueado. El nombre se popularizó, pero la guerra fue por asuntos diplomáticos y económicos.
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