18/11/2017
Cada año, cuando el frío de enero da paso a los primeros soplos de febrero, los escaparates de las pastelerías guipuzcoanas se visten de un blanco inmaculado y un aroma inconfundible a anís. Son las Tortas de San Blas, o San Blas opilak en euskera, un dulce que es mucho más que una simple receta; es un bocado de historia, una tradición arraigada y un amuleto contra los males de garganta. Aunque su presencia es efímera, su legado perdura, invitándonos a descubrir los secretos que se esconden bajo su crujiente cobertura blanca y sus características letras de chocolate.

Un Viaje a los Orígenes: La Cuna de Eibar
Para entender este dulce, debemos viajar en el tiempo y el espacio hasta la localidad armera de Eibar. Es aquí donde, sin una fecha exacta documentada, nace la costumbre de elaborar estas tortas. Eibar no solo fue el lugar de origen, sino también el epicentro de la tradición que las envuelve. No se trataba simplemente de hornear un pastel, sino de un ritual completo que conectaba la gastronomía con la fe popular y la salud.
La leyenda cuenta que San Blas, un médico y obispo de Armenia en el siglo IV, poseía un don para las curaciones milagrosas. Su acto más recordado, y el que le valió el patronazgo sobre los males de garganta, fue salvar a un niño que se ahogaba con una espina de pescado atorada en la tráquea. Esta historia caló hondo en la devoción popular, y en Eibar, se materializó en forma de torta. La costumbre era llevar las tortas recién hechas a la iglesia cada 3 de febrero para ser bendecidas, convirtiéndolas en un alimento protector que cuidaría las gargantas de la familia durante todo el año.
El Ritual Completo: Más Allá de la Torta
La tradición de San Blas en el País Vasco era tan significativa que iba más allá de comer el dulce. El ritual completo, seguido con devoción durante generaciones, incluía varios elementos:
- La Bendición de la Torta: El acto central. Las familias acudían a la iglesia con sus opilak para que recibieran la bendición del sacerdote. Antiguamente, la importancia era tal que incluso los colegios daban el día libre a los alumnos para que pudieran cumplir con la tradición.
- El Cordón de San Blas: Junto a la torta, se llevaba a bendecir un cordón de algodón de colores. Este cordón se anudaba al cuello y debía llevarse puesto durante los ocho días siguientes a la festividad.
- La Quema del Cordón: Pasados los ocho días, el cordón se retiraba y se quemaba. Este acto simbólico completaba el ritual de protección, asegurando la salud de la garganta hasta el próximo año.
Desde Eibar, esta deliciosa costumbre se fue expandiendo por todo el territorio guipuzcoano y otras zonas del País Vasco, adaptándose en formas y tamaños —desde las clásicas redondas hasta prácticas versiones rectangulares— pero manteniendo siempre su esencia: el sabor a anís y su característica cobertura blanca.
El Corazón de la Torta: Ingredientes y Preparación de la Masa
Antes de hablar de la decoración, es fundamental entender la base sobre la que se construye. La masa de la Torta de San Blas es densa, compacta pero tierna, con un sabor que equilibra el dulzor con el potente aroma del anís. Sus ingredientes son sencillos, propios de la repostería tradicional:
- Harina de trigo: La base estructural del bizcocho.
- Azúcar: Aporta el dulzor necesario.
- Huevos: Dan cohesión y esponjosidad.
- Levadura: Ayuda a que la masa suba ligeramente, aunque no es un bizcocho muy aireado.
- Anís: El ingrediente estrella, ya sea en licor o en esencia, que le confiere su personalidad única.
- Materia Grasa: Aquí reside uno de los secretos de su textura. Tradicionalmente se utiliza manteca de cerdo, que le da una jugosidad y una textura quebradiza muy particular.
Manteca vs. Mantequilla: Una Decisión Clave
Aunque hoy en día es común sustituir la manteca por mantequilla por conveniencia, la elección afecta directamente al resultado final. Aquí te mostramos una tabla comparativa para que entiendas la diferencia:
| Característica | Uso de Manteca de Cerdo (Tradicional) | Uso de Mantequilla (Alternativa) |
|---|---|---|
| Textura Final | Más tierna, jugosa y con una miga que se deshace. Quebradiza. | Ligeramente más seca y compacta, con una textura más parecida a una galleta densa. |
| Sabor | Sabor más neutro que permite que el anís sea el protagonista absoluto. | Aporta un ligero toque lácteo que combina bien, pero compite sutilmente con el anís. |
| Conservación | Se mantiene tierna durante más tiempo. | Tiende a endurecerse más rápidamente. |
El Secreto de su Decoración: El Glaseado Blanco y la Escritura
Llegamos al punto clave y a la pregunta que muchos se hacen: ¿de qué está hecha esa cobertura blanca y brillante? La decoración de la Torta de San Blas es tan importante como su sabor, y sus ingredientes son dos, principalmente:
- El Merengue Glaseado (o Glaseado Real): La icónica cobertura blanca no es un merengue blando y aéreo, sino un merengue glaseado que se seca hasta formar una capa crujiente y dulce. Se elabora batiendo claras de huevo con una gran cantidad de azúcar glas. A veces se le añade unas gotas de limón para estabilizar y potenciar el brillo, o incluso un toque más de anís para redondear el sabor. La magia ocurre cuando se aplica sobre la torta aún caliente. Se extiende una capa generosa sobre la superficie y se introduce de nuevo en el horno, ya apagado pero con el calor residual. Este calor suave no cocina el merengue, sino que lo seca, creando esa cáscara protectora y deliciosa que define a la torta.
- El Chocolate Fundido: El toque final y distintivo es la inscripción. Tradicionalmente, se utiliza chocolate negro de cobertura fundido para escribir "San Blas" sobre el glaseado ya seco y frío. Se suele hacer con un cornete de papel de horno o una manga pastelera con boquilla fina. Esta sencilla caligrafía de chocolate no solo es decorativa, sino que es el sello de identidad que confirma que estamos ante una auténtica Torta de San Blas.
Preguntas Frecuentes sobre la Torta de San Blas
¿Por qué la torta es siempre blanca?
El color blanco se debe al merengue glaseado que la cubre por completo. Se cree que el blanco simboliza la pureza asociada al santo y a la bendición que se busca con su consumo.

¿Se puede hacer la torta sin anís?
Técnicamente sí, pero perdería su alma y su identidad tradicional. El sabor a anís es, junto al glaseado, su rasgo más característico. Sustituirlo cambiaría por completo la experiencia.
¿Cómo se conserva mejor la Torta de San Blas?
Gracias a su cobertura de glaseado, que actúa como una capa protectora, la torta se conserva muy bien durante varios días. Lo ideal es guardarla en un lugar fresco y seco, en un recipiente hermético o una lata para pasteles, para evitar que la humedad ablande el glaseado.
¿Es una receta difícil de preparar en casa?
No es una receta excesivamente compleja, pero tiene sus puntos críticos. Conseguir el punto exacto de la masa (flexible y no pegajosa) y, sobre todo, lograr el secado perfecto del merengue sin que se dore ni se agriete, requiere algo de práctica. Sin embargo, con paciencia, es un dulce muy gratificante de hacer en casa.
En definitiva, la Torta de San Blas es una joya de la repostería tradicional vasca. Cada mordisco es una conexión con una historia de fe, protección y sabor que ha pasado de generación en generación desde su origen en Eibar. Ya sea comprada en una pastelería artesana o preparada con mimo en casa, disfrutar de este dulce cada 3 de febrero es mantener viva una deliciosa y protectora tradición.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Tortas de San Blas: Secreto de su Decoración puedes visitar la categoría Repostería.
