10/01/2020
En el vasto y delicioso universo de la pastelería, a menudo juzgamos un libro por su portada, o en este caso, un pastel por su glaseado. Nos maravillamos ante la perfección de un macaron francés, la opulencia de una torta Sacher o la delicadeza de un mochi japonés. Pero, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar si, en nuestro afán por la perfección y la sofisticación, hemos creado un sistema de jerarquías? Un mundo donde algunas creaciones son aplaudidas en las vitrinas más elegantes mientras otras, igualmente deliciosas, son relegadas a un segundo plano. Este artículo no es sobre recetas, es sobre la filosofía detrás de ellas. Es una invitación a reflexionar sobre cómo, incluso en el dulce acto de hornear, podemos estar replicando prejuicios, y cómo podemos construir una pastelería más inclusiva, diversa y, en definitiva, más rica para todos.

¿Existe el "Clasismo Estructural" en Nuestras Cocinas?
Parece una pregunta extraña, pero analicemos los hechos. En el mundo de la repostería, ciertos ingredientes y técnicas gozan de un prestigio innegable. Hablamos del chocolate belga, la vainilla de Tahití, la harina de almendras finamente molida. Se nos enseña, casi por ósmosis cultural, que estos son los pilares de la "alta pastelería". Por otro lado, ingredientes más humildes o locales, como la harina de algarroba, el dulce de membrillo casero o las frutas nativas, a menudo son vistos como "rústicos" o de menor categoría. Esto es una forma de clasismo estructural.
Un estudio reciente sobre percepciones sociales (aunque no de pastelería) reveló que un alto porcentaje de las personas ha sentido algún tipo de discriminación. Si trasladamos esa lógica a nuestras cocinas, ¿cuántas recetas tradicionales de nuestras abuelas hemos descartado por no ser lo suficientemente "elegantes"? ¿Cuántas veces hemos preferido una compleja técnica francesa sobre un método local simple pero efectivo? Este fenómeno se manifiesta con fuerza en el ámbito educativo de la gastronomía. Muchas escuelas de pastelería centran sus programas casi exclusivamente en las técnicas europeas, ignorando la vasta riqueza de la repostería latinoamericana, asiática o africana. Se crea así un canon, una única medida del "buen gusto", que deja fuera a innumerables sabores y saberes. El resultado es una pastelería que, en lugar de ser un punto de encuentro de culturas, se convierte en un club exclusivo.
La discriminación en la pastelería no ocurre en el vacío. Se manifiesta en espacios concretos, siendo el obrador profesional y, más recientemente, las redes sociales, dos de los más significativos. En el ámbito laboral, la presión por la perfección es implacable. Un pastelero que experimenta con formas no convencionales o sabores atrevidos puede ser visto como menos serio o profesional que aquel que replica a la perfección los clásicos. Se valora más la capacidad de clonar que la de crear.
Las redes sociales han amplificado este fenómeno de manera exponencial. Plataformas como Instagram se han convertido en una pasarela de postres imposibles, con glaseados espejo sin una sola burbuja y bordes tan afilados que podrían cortar. Esto genera una cultura de la comparación y el juicio. Un bizcocho casero, con sus grietas y su encanto imperfecto, es bombardeado por comentarios que lo tildan de "feo" o "poco profesional". Se ha creado un entorno hostil, una "cultura del odio" hacia lo auténtico, donde los "haters" de la repostería dictan qué es digno de un 'like' y qué no. Esta tiranía de la imagen olvida lo más importante: el sabor, la textura, el amor puesto en la creación y la historia que cuenta cada postre.
Tabla Comparativa: Hacia una Visión Inclusiva
| Característica | Visión Excluyente | Visión Inclusiva |
|---|---|---|
| Ingredientes | Solo se valoran los importados y considerados "gourmet". | Se celebra la calidad de los productos locales y de estación. |
| Técnicas | Se priorizan las técnicas clásicas europeas como única medida de habilidad. | Se exploran y respetan técnicas de todas las culturas del mundo. |
| Estética | Búsqueda de una perfección simétrica y pulcra, a menudo artificial. | Se valora la belleza en la imperfección, lo rústico y lo natural. |
| Tradición | Las recetas familiares o regionales son vistas como "anticuadas". | Se honran las recetas tradicionales como un valioso patrimonio cultural. |
La Tiranía de las "Corporalidades Perfectas" y el Género de los Postres
La discriminación también se ceba con las formas. Nos hemos acostumbrado a que las tortas deben ser perfectamente cilíndricas, los cupcakes tener un copete de crema idéntico y las galletas ser cortadas con precisión milimétrica. ¿Pero qué hay de la autenticidad de una torta rústica de manzana, con sus jugos burbujeando en los bordes? ¿O de un pan de campo con su corteza irregular y su miga alveolada? Estas "corporalidades diversas" en el mundo de los postres son a menudo penalizadas por no ajustarse a un estándar industrializado de belleza.
De manera similar, hemos asignado géneros a los sabores, creando estereotipos absurdos. El chocolate intenso, el café y los licores son a menudo catalogados como "masculinos", mientras que los sabores frutales, florales y más delicados como la fresa o la vainilla se asocian a lo "femenino". Esta división arbitraria limita nuestra experiencia y nos impide disfrutar libremente de toda la paleta de sabores. Un postre no tiene género; tiene ingredientes, texturas y la capacidad de hacernos felices. Romper con estas etiquetas es un paso fundamental hacia una pastelería más libre y creativa.
¿Qué Podemos Hacer? Acciones para una Repostería de Celebración
Frente a este panorama, no basta con identificar el problema. Es necesario actuar. La comunidad de pasteleros, aficionados y comensales tiene un papel crucial. La solución no pasa por dictar nuevas leyes sobre cómo hacer un bizcocho, sino por un cambio de mentalidad y de práctica. Debemos empezar por incorporar esta reflexión en las escuelas de cocina, enseñando a las nuevas generaciones a valorar la diversidad de la repostería mundial. Realizar campañas de difusión en redes sociales que celebren la belleza de lo real y lo casero, utilizando hashtags que promuevan la inclusión y la aceptación, puede contrarrestar la cultura del odio. En última instancia, se trata de una celebración. Celebrar cada postre por lo que es: un acto de generosidad, una expresión de cultura y una fuente de alegría, sin importar su origen, su forma o sus ingredientes.
Preguntas Frecuentes Sobre una Pastelería Inclusiva
- ¿Cómo puedo hacer mi repostería casera más inclusiva?
Empieza por explorar recetas de diferentes culturas y regiones, especialmente aquellas que utilizan ingredientes locales. No temas a la imperfección; concéntrate en el sabor y en disfrutar del proceso. Comparte tus creaciones con orgullo, contando la historia que hay detrás de ellas.
- ¿Un postre "feo" puede ser un buen postre?
¡Absolutamente! La apariencia es solo una parte de la experiencia. El sabor, el aroma, la textura y el recuerdo que evoca un postre son mucho más importantes que un acabado perfecto. Algunas de las preparaciones más deliciosas del mundo son visualmente rústicas.
- ¿Está mal preferir la pastelería clásica francesa?
Para nada. No se trata de rechazar ninguna tradición, sino de ampliar nuestra perspectiva. El problema no es amar los macarons, sino creer que son inherentemente superiores a un alfajor de maicena o a un pastel de tres leches. La clave es el respeto y la valoración de la diversidad.
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