¿Qué preguntas asustaron más que el aborto?

Aborto Clandestino: Relatos de Miedo y Esperanza

25/02/2024

Valoración: 4.68 (5166 votos)

En el corazón de un debate nacional que divide opiniones y moviliza multitudes, existen historias personales que rara vez salen a la luz. Mientras el Congreso argentino debate la legalización del aborto, las voces de quienes han transitado el oscuro y peligroso camino de la clandestinidad resuenan con una fuerza abrumadora. No son cifras en una estadística, sino experiencias de vida marcadas por el miedo, la soledad y la lucha por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. A través de los testimonios de Cecilia y Laura, nos adentramos en la cruda realidad de lo que significa interrumpir un embarazo en un contexto de ilegalidad, una realidad que la nueva ley busca transformar para siempre.

¿Qué preguntas asustaron más que el aborto?
“Había una camilla en el medio de un montón de libros, todos sucios. Las preguntas antes de que la anestesia tome efecto eran tremendas, me asustaron más que el aborto en sí: '¿Dónde estás?, ¿alguien te vio?, no te acuerdes la dirección, no cuentes a nadie que viniste acá, ¿quién te está esperando abajo?'.
Índice de Contenido

El Relato de Cecilia: "Me Asustaron Más que el Aborto en Sí"

Hace tres décadas, Cecilia Marazzi, hoy una mujer de 50 años, tomó una decisión sin titubear tras un embarazo producto de una violación. La falta de información y el profundo estigma social la empujaron a un submundo de prácticas ocultas. El primer obstáculo fue el dinero. Reunirlo se convirtió en una carrera contra el tiempo, empeñando objetos de valor para alcanzar una cifra exorbitante que le permitiera acceder a un procedimiento inseguro.

"Cuando llegó la fecha yo no había juntado el total de la plata", recuerda. A pesar de ello, se presentó en el apartamento donde una obstetra realizaba las intervenciones. La frialdad y el juicio fueron inmediatos. La profesional, con "una cara de culo bárbara", supeditó el procedimiento a la aprobación de la anestesista, ya que su parte del pago estaba cubierta. La angustia de Cecilia pendía de un hilo, de la decisión de un tercero sobre su cuerpo y su futuro. Finalmente, la anestesista accedió, pero bajo una condición humillante: debía volver mes a mes a saldar su deuda, peregrinando a distintas direcciones para no dejar rastro.

Un Entorno de Terror Psicológico

El momento de la intervención es un recuerdo que sigue helando la sangre. Lejos de un entorno médico aséptico y contenedor, se encontró con "una camilla en el medio de un montón de libros, todos sucios". Pero lo que más la marcó no fue el entorno físico, sino la tortura psicológica previa al efecto de la anestesia. Las preguntas eran un taladro en su mente, diseñadas para infundir pánico y asegurar el silencio:

  • ¿Dónde estás?
  • ¿Alguien te vio?
  • No te acuerdes la dirección.
  • No cuentes a nadie que viniste acá.
  • ¿Quién te está esperando abajo?

A este interrogatorio se sumaban comentarios crueles y deshumanizantes mientras salía de la anestesia. Frases como "no te asustes, porque si no te asustaste a la hora de coger" la reducían a un objeto de juicio moral, ignorando por completo su terror y la vulnerabilidad de su situación. El procedimiento en sí se borraba, pero la violencia verbal y psicológica quedaba grabada a fuego.

Las secuelas no tardaron en aparecer. Al día siguiente, intentando mantener una apariencia de normalidad, fue a trabajar y se desmayó en el transporte público debido a una "hemorragia tremenda". El impacto físico fue solo el comienzo. El verdadero calvario fue la condena social, incluso de su círculo más cercano. "Dios te va a castigar, vas a quedar estéril, tus hijas van a nacer mal", le decían. Ese miedo la persiguió durante años, hasta el nacimiento de su primera hija, un momento en el que el alivio se mezcló con la sorpresa de haber desafiado las sentencias de los demás.

La Experiencia de Laura: Entre el Estigma y la Soledad

Laura (nombre ficticio para proteger su identidad) creció en Santiago del Estero, una de las provincias más conservadoras de Argentina. Su historia es un reflejo de cómo el mandato de la maternidad y el estigma religioso moldean las vidas de las mujeres desde la adolescencia. Fue madre a los 16 años, en una escuela católica donde el aborto era sinónimo de asesinato, pero donde las jóvenes embarazadas eran obligadas a esconderse. La primera frase que escuchó de su madre al comunicar su embarazo fue una sentencia: "No sueñes que te voy a ayudar a hacerte un aborto".

Años más tarde, ya siendo madre de dos hijos, se enfrentó a un embarazo no deseado. Esta vez, con la decisión tomada, recurrió a una clínica clandestina. La experiencia fue, una vez más, un ejercicio de anulación. El médico, antes de proceder, le exigió la autorización de su marido. "Necesito saber si estás autorizada por tu marido para hacer esto porque después tengo quilombo", le dijo. Tuvo que hacer pasar a su pareja para que diera su consentimiento, como si su propia voluntad no fuera suficiente.

Despertar en la Oscuridad

Tras recibir un sedante, fue trasladada a otro lugar de la clínica. Su siguiente recuerdo es despertar, semi-consciente, en un lugar que parecía un depósito o un estacionamiento. Estaba completamente sola, en la oscuridad, con un frío que le calaba los huesos. "Me dio mucho miedo, miedo de mi salud (...) No sabía qué hacer realmente", relata. La sensación de abandono era total. El temor principal no era la decisión de abortar, sino las consecuencias de hacerlo en esas condiciones: "Si me pasaba algo a mí, mis hijos quedaban sin madre y ese temor era muy grande y me hacía temblar".

Una segunda experiencia, años después, la llevó a intentar un aborto con medicamentos en su casa. La falta de dinero para pagar un procedimiento la obligó a demorar la interrupción. Cuando finalmente consiguió las pastillas, el tratamiento no funcionó como esperaba. Pasó 48 horas con contracciones, dolores y un sangrado anómalo, sumida en la desesperación y el pánico de tener que acudir a un hospital y confesar lo que había hecho, sintiéndose una delincuente.

Puntos en Común: El Dinero, el Miedo y la Condena

Aunque separadas por el tiempo y la geografía, las historias de Cecilia y Laura comparten hilos conductores que tejen el tapiz de la clandestinidad. La falta de acceso a un procedimiento seguro convierte la interrupción de un embarazo en una experiencia traumática en múltiples niveles.

Tabla Comparativa de Experiencias en la Clandestinidad
AspectoExperiencia de CeciliaExperiencia de Laura
Factor EconómicoTuvo que empeñar objetos y pagar en cuotas un procedimiento caro.El costo del procedimiento en clínica y la falta de dinero para las pastillas la obligaron a demorar la interrupción.
Trato del PersonalJuicio moral, comentarios hirientes y un interrogatorio para infundir miedo.Trato despersonalizado, exigencia de autorización marital y abandono post-procedimiento.
Condiciones SanitariasLugar sucio, descrito como "un montón de libros sucios".Realizado en un área improvisada (depósito/estacionamiento) de una clínica.
Principal TemorLa condena social y las secuelas físicas a largo plazo.Morir y dejar a sus hijos huérfanos; ser descubierta y encarcelada.

La Esperanza en la Ley: ¿Qué Cambiaría la Legalización?

Para ambas mujeres, la posible legalización del aborto no es una celebración, sino una reparación histórica y una necesidad de salud pública. "Nadie va contento a hacerse un aborto, es una ‘mierda’ hacerse un aborto", afirma Cecilia, resumiendo un sentir generalizado. La ley no promueve el aborto, sino que busca evitar que más mujeres mueran o sufran traumas imborrables en procedimientos inseguros. "Esto existió, existe y va a existir voten lo que voten", sentencia, apuntando a la hipocresía de un sistema que obliga a las mujeres a arriesgar sus vidas.

Laura ve en la ley una puerta para una discusión más profunda: "discutir sobre el mandato de la maternidad que tenemos las mujeres". La legalización permitiría que la decisión de maternar sea, verdaderamente, una elección y no una imposición. Permitiría que el deseo pueda fluctuar a lo largo de la vida sin que un embarazo no planificado se convierta en una condena.

Sin embargo, la preocupación persiste, especialmente en las provincias más conservadoras. La figura de la "objeción de conciencia" podría convertirse en una barrera institucional que impida el acceso efectivo al derecho, aun con la ley aprobada. Pese a ello, la esperanza es que un marco legal brinde protección a los profesionales que sí están dispuestos a garantizar el derecho y, sobre todo, que saque al aborto de las sombras del secretismo y la vergüenza para tratarlo como lo que es: una cuestión de salud pública y de derechos humanos.

Preguntas Frecuentes sobre el Aborto Clandestino

¿Por qué el aborto clandestino es tan peligroso?
La peligrosidad radica en la falta de estándares médicos. Se realiza en entornos no esterilizados, por personal no siempre calificado y sin seguimiento post-operatorio. Los riesgos incluyen hemorragias, infecciones graves, perforación uterina y la muerte, además del severo trauma psicológico.

¿El dinero garantiza un aborto seguro en la clandestinidad?
Si bien el acceso a más recursos económicos puede permitir un procedimiento con mejores condiciones aparentes, no elimina el riesgo. La ilegalidad implica que no hay regulación ni control de calidad. Ningún aborto clandestino es completamente seguro, y siempre conlleva el riesgo de persecución legal y estigma social.

¿Qué significa la frase "salvar las dos vidas"?
Es un lema utilizado por los sectores que se oponen a la legalización. Sin embargo, desde la perspectiva de quienes apoyan la ley, la clandestinidad no salva ninguna vida. Por el contrario, pone en riesgo la vida de la persona gestante y, en muchos casos, resulta en su muerte, dejando a menudo a otros hijos sin madre. Por ello, argumentan que la legalización salva, como mínimo, la vida y la salud de la mujer.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Aborto Clandestino: Relatos de Miedo y Esperanza puedes visitar la categoría Pastelería.

Subir