03/04/2021
La vida, en su inmensa complejidad, a menudo nos presenta desafíos que parecen insuperables. Momentos de angustia, enfermedad o escasez que ponen a prueba nuestra resistencia y, sobre todo, nuestra fe. ¿Qué hacer cuando el diagnóstico de un médico es desolador o cuando las circunstancias nos ahogan? En medio de la tormenta, existe una herramienta poderosa y a menudo subestimada: nuestras propias palabras. La historia de Don Gossett y su familia, enfrentados a una serie de pruebas desgarradoras, nos ofrece una profunda lección sobre cómo lo que decimos puede, literalmente, transformar nuestra realidad y abrir la puerta a lo que muchos llamarían un milagro.

Un Comienzo Lleno de Pruebas
La historia comienza en uno de los años más difíciles en la vida del autor. Su hija, Juanita, nació en circunstancias extremadamente complicadas. Un parto difícil, un médico sustituto ausente por problemas de alcoholismo y una crisis inminente marcaron su llegada al mundo. El diagnóstico inicial fue un golpe devastador: la bebé sufría una severa deficiencia de calcio que había causado deformidad en sus manos y pies torcidos. Los médicos ofrecían pocas esperanzas, no solo para la corrección de sus pies, sino incluso para su supervivencia debido a problemas respiratorios.
Como si esto no fuera suficiente, la adversidad se ensañó con la familia. La esposa de Don fue diagnosticada con fiebre reumática, una enfermedad dolorosa y debilitante que la postró en cama por meses. Con tres niños pequeños que cuidar, sin ingresos y con la salud de su esposa deteriorándose día a día, la desesperación podría haberse apoderado de cualquiera. El ruido del yeso en los pequeños pies de Juanita era un recordatorio constante de su frágil situación, y el futuro se veía sombrío y lleno de incertidumbre.
La Clave Oculta en las Escrituras
En medio de la más profunda oscuridad, llegó un rayo de luz. Una tarde, mientras leía el Salmo 27 a su esposa, unas palabras resonaron en su espíritu con una fuerza inusitada: “Jehová es la fortaleza de mi vida”. No eran solo palabras en una página; se convirtieron en una revelación viviente. Emocionado, le repitió la frase a su esposa, quien, a pesar de su dolor y debilidad, comenzó a repetirla también: “Jehová es la fortaleza de mi vida”.
A medida que ella pronunciaba estas palabras, algo extraordinario comenzó a suceder. Su rostro se transformó, su mirada sombría desapareció y una nueva convicción nació en su voz. Impulsada por esta verdad recién descubierta, decidió levantarse de la cama que había sido su prisión durante meses. Aunque sus pies seguían hinchados y el dolor era intenso, su enfoque ya no estaba en sus síntomas, sino en la promesa divina. Cuanto más repetía “Jehová es la fortaleza de mi vida”, más fuerza recibía. Ante sus ojos, los dolores desaparecieron, la hinchazón disminuyó y su salud fue completamente restaurada, un hecho que más tarde fue confirmado por los médicos. Esa noche, descubrieron un principio que cambiaría sus vidas para siempre.
"Lo que Dices, Recibes": El Principio del Cambio
Este evento fue la confirmación de una verdad bíblica fundamental que a menudo pasamos por alto: nuestras palabras tienen un poder creativo. Jesús mismo enseñó en Marcos 11:23 que “cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. El énfasis no está solo en creer, sino en decir.
La sanación de la hija de Gossett, Juanita, fue otro testimonio de este principio. Cuando el médico le quitó el yeso, sus pies estaban perfectamente derechos, un resultado que el propio doctor Graham describió como algo que nunca antes había visto, calificando su recuperación de “completamente bien”. La familia había pasado de recibir un pronóstico desolador a presenciar una doble sanación milagrosa. La clave fue alinear sus palabras con las promesas de Dios, en lugar de con la evidencia de sus circunstancias. Dejaron de hablar del problema y comenzaron a hablar de la solución divina.

De la Derrota a la Victoria: Un Cambio de Mentalidad
Nuestras palabras pueden construir prisiones de negatividad o puentes hacia la bendición. A continuación, se presenta una tabla comparativa para ilustrar cómo un cambio en nuestra confesión puede alterar nuestro destino.
| Confesión de Derrota (Basada en las circunstancias) | Confesión de Fe (Basada en la Palabra) | Resultado Potencial |
|---|---|---|
| "No puedo curarme de esta enfermedad." | "Por su llaga fui curado." (Isaías 53:5) | Sanación y salud divina. |
| "Nunca saldré de estas deudas." | "Mi Dios suplirá todo lo que me falta." (Filipenses 4:19) | Provisión y prosperidad financiera. |
| "Tengo mucho miedo al futuro." | "Dios no me ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio." (2 Timoteo 1:7) | Fortaleza y paz interior. |
| "Soy un fracaso, todo me sale mal." | "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Filipenses 4:13) | Victoria y capacidad para superar obstáculos. |
Preguntas Frecuentes sobre el Poder de la Confesión
¿Se trata de ignorar la realidad o mentir sobre mis síntomas?
No se trata de negar la realidad física, sino de proclamar una verdad espiritual superior. La esposa de Gossett sentía dolor y debilidad, pero eligió confesar que Dios era su fortaleza. No dijo "no siento dolor", sino "Jehová es mi fortaleza". La fe no niega los hechos, pero sí se apoya en la verdad de la Palabra de Dios, la cual tiene el poder de cambiar esos hechos. Es ser honesto con lo que sientes, pero más leal a lo que Dios dice.
¿Por qué es tan importante hablarlo en voz alta?
El acto de hablar exterioriza y solidifica nuestra creencia. La Biblia dice que “con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). Hablar en voz alta activa nuestra fe y pone en movimiento principios espirituales. Es una declaración de guerra contra la duda y una afirmación de confianza en el poder de Dios para intervenir.
¿Qué sucede si no veo resultados inmediatos?
La perseverancia es clave. Algunas sanaciones son instantáneas, mientras que otras son un proceso. La historia de la mujer con asma en el libro muestra que tuvo que disciplinarse para cambiar sus patrones de habla negativos. Fue un proceso de meses, no de un momento. La fe se fortalece en la constancia, manteniendo la confesión positiva incluso cuando las circunstancias no han cambiado visiblemente.
¿Es esto una especie de pensamiento positivo o "mente sobre materia"?
El autor distingue claramente este principio del simple pensamiento positivo. No se basa en el poder inherente de la mente humana, sino en el poder de Dios para cumplir Su Palabra. Cuando hablamos Sus promesas, no estamos tratando de crear algo por nuestra cuenta; estamos dándole permiso a Dios para que actúe y confirme la Palabra que Él mismo inspiró. Es una colaboración: nosotros hablamos con fe, y Él realiza la obra.
En conclusión, las pruebas y tribulaciones son inevitables, pero nuestra respuesta ante ellas no tiene por qué ser la derrota. La experiencia de la familia Gossett nos enseña que nuestras palabras, cuando están impregnadas de fe y alineadas con las promesas divinas, se convierten en un catalizador para el cambio. En lugar de describir el problema, podemos empezar a decretar la solución. Al hacerlo, pasamos de ser víctimas de nuestras circunstancias a ser arquitectos de nuestra victoria, todo a través del simple, pero profundo, poder de lo que decimos.
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